El perfeccionista a pesar de las apariencias, es un tremendo inseguro. La búsqueda constante de la perfección le lleva a la obsesión por tener el control de las cosas con la ilusión de que así será reconocido. Ve en su conducta una forma de alejarse de la mediocridad, cree que él debe ser perfecto para que los demás le acepten. Si comete algún fallo, su autoestima se viene abajo. La rigidez de su conducta es un intento de ocultar su imperfección.
Le resulta muy difícil reconocer sus errores. Su complejo de parecer torpe, incapaz o indigno de ser querido, le impulsa a perseguir la perfección para obtener reconocimiento social. Teme anticipadamente el rechazo de los demás por eso, reacciona a la defensiva y se irrita ante la más mínima crítica.
El problema de ser perfeccionista está en que, todo lo que no sea perfecto le desagrada. Un perfeccionista es sólo momentáneamente feliz.
“Nada merece hacerse a menos que sea perfecto” es el lema del perfeccionista. Su comportamiento se rige por pautas altamente exigentes, está obsesionado por conseguir la excelencia en todo lo que hace. Cree que la vida es el arte de hacer un dibujo sin goma de borrar.
“Nada merece hacerse a menos que sea perfecto” es el lema del perfeccionista. Su comportamiento se rige por pautas altamente exigentes, está obsesionado por conseguir la excelencia en todo lo que hace. Cree que la vida es el arte de hacer un dibujo sin goma de borrar.
Fiel al lema:”Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa”, es un obseso de la organización. Lo escribe todo porque ha perdido de vista el objetivo principal. Sus relaciones personales resultan muy conflictivas, nadie es capaz de satisfacer sus expectativas y exigencias. Siempre espera de sí mucho más de lo que es razonable.